Se estima que el café es la segunda bebida más consumida por los seres humanos, solamente por detrás del agua.
Lo tomamos a diario (muchas veces es lo primero que hacemos al levantarnos), nos encanta su sabor y, para muchos, es sinónimo de reuniones con amigos y familiares.
Sin embargo, pocos conocen realmente cuál es su origen. ¿De dónde viene el café? ¿Quién y cuándo lo descubrió?
En este artículo indagamos en la historia del café para comprender cómo las semillas de un particular arbusto que crecía en las montañas de Etiopía llegaron a convertirse en todo un fenómeno global y descubriremos de dónde viene a día de hoy el café que nos despierta cada mañana.
¿Qué es el café y de dónde procede?
El café es una bebida que se obtiene de los granos o semillas de la planta del café, cuyo nombre científico es Coffea.
Un dato importante a tener en cuenta es que estas semillas deben estar tostadas y molidas para poder producir la bebida de café, pues en crudo no saben a nada ni se infusionan en el agua.
Aunque no está completamente claro de dónde procede la planta, todo parece indicar que es originaria de las montañas de Kaffa, en Etiopía. Su clima, cálido y húmedo, y la elevada altitud de su territorio son excelentes para su desarrollo.
En este lugar existe una gran variedad de cafetos que crecen de forma silvestre (además de los que se cultivan de forma intencionada), resultado de la hibridación natural que se da en las plantas con el paso de los años. Además, los datos históricos de los que se dispone sitúan el origen del café en esta parte del cuerno de África.

El descubrimiento del café: leyendas y realidades
Bien, ya sabemos que la planta del café es originaria de Etiopía, pero ¿quién y cuándo descubrió sus propiedades? ¿A quién se le ocurrió por primera vez extraer sus semillas, tostarlas, molerlas y mezclarlas con agua para preparar una bebida?
La respuesta a estas preguntas es un misterio que no está claro a día de hoy ni probablemente llegue a saberse nunca a ciencia cierta.
Esto ha dado lugar a la aparición de muchas teorías y leyendas como la del pastor Kaldi y sus cabras danzantes.
La leyenda de Kaldi y sus cabras
La leyenda de Kaldi es una de las historias más famosas que tratan de explicar el origen del café.
Según ella, hace muchos años, un pastor llamado Kaldi descubrió las propiedades estimulantes del café al observar que sus cabras tenían un comportamiento más enérgico de lo normal después de comer los frutos de un arbusto particular.
Intrigado, Kaldi llevó una muestra de los frutos a un monasterio cercano y contó su descubrimiento a los monjes. Estos decidieron poner a prueba las palabras del pastor y pusieron a cocer las bayas en agua para preparar un brebaje. Sin embargo, al tomarlo, no quedaron satisfechos, pues el café cocinado de esta manera no tiene buen sabor.
Así que descartando la idea, tomaron los frutos que habían sobrado y los arrojaron al fuego para deshacerse de ellos.
Al hacerlo, los granos se tostaron y comenzaron a desprender su particular y delicioso aroma. Los monjes, fascinados por el olor, rescataron entonces los granos de las brasas y los mezclaron con agua, preparando lo que sería la primera taza de café de la historia.
Aunque la leyenda de Kaldi es muy popular, lo cierto es que no existe ninguna prueba que confirme que fue así como realmente ocurrieron los hechos, por lo que la mayoría de los historiadores descartan su veracidad.

La realidad sobre el origen del café
Entonces, ¿qué dice la ciencia sobre el verdadero origen del café? ¿Quién lo descubrió e inventó esta deliciosa bebida?
Los primeros documentos escritos que hacen referencia al consumo de café como bebida datan del siglo XV y proceden de los monasterios sufíes en Yemen. En ellos, se cuenta que los monjes lo utilizaban para mantenerse despiertos durante sus largas noches de oración.
Así que, después de todo, puede que sí fueran los monjes los inventores de la bebida de café, pero se da por hecho que las propiedades estimulantes de los frutos eran de sobra conocidas por los lugareños de las montañas de Kaffa desde mucho tiempo atrás.
De hecho, es probable que los frutos llegaran desde Etiopía hasta los monasterios de Yemen de manos de los peregrinos que viajaban hacia la Meca, o de prisioneros de guerra que los consumían y llevaban consigo para combatir el cansancio.
Lo que está claro es que, una vez el café llegó a Yemen, su expansión fue imparable. A pesar de la polémica por sus efectos estimulantes que algunos no veían con buenos ojos, los yemeníes vieron el potencial de este producto y comenzaron a cultivarlo en territorio propio para comerciar con el.
Desde la ciudad portuaria de Moca, el café comenzó a viajar a numerosos países cercanos y no tan cercanos, adquiriendo una gran fama.
Expansión por Europa y el resto del mundo
El café llegó a Europa a finales del siglo XVI gracias a los mercaderes venecianos, quienes compraban los granos de sus viajes a Oriente Medio y los transportaban hasta Venecia, ciudad donde abrieron las primeras cafeterías europeas con gran éxito entre la población.
Los holandeses, por su parte, fueron los primeros en hacerse con semillas fértiles de la planta. Como no pudieron cultivarlas en suelo europeo por las condiciones climáticas adversas, terminaron por trasladarlas a los territorios coloniales que poseían en América Central y Asia, cuyo clima tropical era mucho más apropiado.
Con el tiempo, otros europeos como franceses y británicos hicieron lo mismo, estableciendo cultivos de café en numerosos lugares de las zonas tropicales como Indonesia, Ceilán (actual Sri Lanka), Martinica, Santo Domingo o Guadalupe.
Poco a poco, el consumo de café se fue extendiendo y popularizando en Europa y EEUU, primero entre las clases altas de la sociedad y después también entre los trabajadores, quienes veían en el café un potente aliado para sus larguísimas jornadas de trabajo en plena Revolución Industrial.
La alta demanda de café por parte de europeos y estadounidenses propició que el cultivo de café se expandiera cada vez más en las zonas productoras, donde terminó por integrarse de forma muy arraigada tanto en su cultura como en su economía.
¿De dónde viene el café a día de hoy?
En la actualidad, el café se sigue cultivando en las zonas tropicales y subtropicales del planeta, conformando lo que se conoce como «cinturón del café».
Hay más de 80 países que se dedican a esta actividad y su producción representa una parte importante de los ingresos por exportación de muchos de ellos.

Cada uno de estos países ofrece un café de características específicas en función de factores como el microclima, el tipo de suelo, la altitud del territorio, la forma de cultivo, etc.
El café de Brasil
Brasil es, con diferencia, el mayor productor de café del mundo. Representa casi un 30% del volumen total de café que se produce a nivel mundial, gracias a su extenso territorio apto para el cultivo.
Los brasileños cultivan tanto café arábica como robusta, de distintas variedades y calidades, debido a la variedad de microclimas y condiciones de cultivo de cada zona, por lo que el café de Brasil es muy variado.
Vietnam: el rey del café robusta
Probablemente te sorprenda descubrir que Vietnam es el segundo productor de café del mundo, ya que no es habitual encontrar referencias a este país en los paquetes de café que encontramos en el mercado, como sí ocurre con Brasil o Colombia, por ejemplo.
El motivo es que Vietnam únicamente produce café robusta, una variedad que se considera de peor calidad que el arábica, y que suele utilizarse únicamente para mezclas o para elaborar café soluble. Por eso, las marcas de café no suelen indicarlo en el etiquetado.
Sin embargo, Vietnam produce aproximadamente un 18% de toda la producción global de café y el comercio de este producto es una parte muy importante de su economía.
El café de Indonesia
Indonesia fue uno de los primeros países donde los holandeses introdujeron el cultivo de café, allá por el siglo XVII. A día de hoy, es el tercer país del mundo por volumen de producción, aportando casi un 7% del total.
De todas las islas que conforman este archipiélago, las principales productoras de café son Sumatra, Java y Sulawesi.
Los suelos volcánicos y clima húmedo de estas islas otorgan al café un cuerpo robusto y notas terrosas características. En regiones montañosas predomina la producción de la variedad arábica mientras que el robusta prevalece en áreas de menor altitud.
El café de Colombia, sinónimo de calidad
El café colombiano se ha ganado por méritos propios una gran reputación a nivel internacional. Es un país muy concienciado con la producción de café de alta calidad y solo cultivan la variedad arábica.
Además, la elevada altitud de la cordillera andina (donde se ubican la gran mayoría de los cultivos), hace que los frutos tarden un poco más en madurar y desarrollen sabores más complejos, algo muy valorado entre los baristas experimentados.
Colombia produce más de 700.000 toneladas de café al año, lo que supone aproximadamente un 6% de la producción global.
Etiopía, cuna del café
Etiopía, país originario de la planta del café, es el quinto productor de café del mundo. Destaca por su gran diversidad genética y sabores complejos. Las variedades autóctonas, conocidas como «heirloom», se cultivan principalmente en regiones como Sidamo, Yirgacheffe y Harrar.
El café etíope suele cultivarse a gran altitud, bajo sombra, y a menudo se utilizan métodos de procesamiento tradicionales, lo que favorece la producción de granos de alta calidad y ecológicamente sostenibles.
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Como ves, el café es un producto cotidiano pero sumamente complejo y con una apasionante historia detrás.
Si te interesa saber más acerca de los granos de café, cómo se producen, que diferencias hay entre unos y otros y cómo distinguir un café de buena calidad, te invito a leer la Guía Completa del Café en Grano.
Espero que esta información te haya resultado interesante y recuerda que, si tienes dudas o quieres dejar un comentario, puedes hacerlo aquí abajo.
Muchas gracias por leer hasta el final y, ¡nos vemos en el próximo post!
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