
El café irlandés es una de esas bebidas que todo el mundo cree conocer… hasta que prueba uno bien hecho. Porque no, no es café con nata y un chorrito de “algo fuerte” para entrar en calor. Es un cóctel con reglas claras, una historia curiosa y un delicado equilibrio entre sus ingredientes.
En este artículo desvelamos qué es un auténtico café irlandés (y qué no), cómo se prepara según la receta original y por qué detalles como el tipo de café o la textura de la nata no son postureo, sino la clave de la experiencia.
¿Qué es realmente un café irlandés (y qué no)?
El café irlandés es un cóctel caliente compuesto por cuatro elementos: café, whiskey (que así se escribe cuando es irlandés), azúcar y una suave crema de nata flotando en la superficie.
Para preparar la receta original, dos aspectos son innegociables:
La gracia de esta bebida está en el contraste de temperatura entre el café caliente y la crema fría, además de la potencia de sabor que aporta el whiskey, sin llegar a eclipsar al verdadero protagonista de la receta: el café.
¿Cómo preparar un café irlandés según la receta original?
Para preparar un auténtico café irlandés, necesitas los siguientes ingredientes:
- 2 cucharaditas de azúcar. Puede ser blanco o moreno, a tu elección. Personalmente, me gusta mucho el toque que le aporta el azúcar moreno, pero puedes usar el que tengas más a mano.
- 40 ml de whiskey irlandés. Por ejemplo, el Tullamore Dew o el Jameson funcionan bastante bien y son fáciles de encontrar.
- 110 ml de café filtrado caliente. Es importante que sea filtrado, tal y como se preparaba en Irlanda en los años 40. Si no dispones de cafetera de goteo, puedes usar 40 ml de café expreso fuerte y rebajarlo con unos 70 ml de agua caliente.
- 80 ml de nata fría para montar. Necesitas que esté fría de la nevera y que tenga mínimo 35% de materia grasa para que monte ligeramente y flote sobre el café.
- Una pizca de nuez moscada para decorar. Es opcional pero le da un punto interesante. También puedes usar canela o cacao en polvo.
Además de estos ingredientes, necesitas:
- Un vaso o copa de cristal de boca ancha de unos 230 ml. Es habitual usar un vaso tipo Toddy con paredes gruesas y una pequeña asa para sostenerlo sin quemarse, pero te vale cualquier vaso o copa del tamaño indicado.
- Un bol de tamaño mediano y unas varillas para montar la nata. Si lo guardas en la nevera un rato antes de preparar la receta, montará más rápido. También puedes usar una coctelera.
Preparación paso a paso:
- Calienta el vaso. Llénalo con agua caliente y mantenlo durante unos minutos. Esto hará que el café no pierda temperatura cuando lo sirvas.
- Mientras tanto, prepara el café.
- Vacía el vaso y coloca las 2 cucharaditas de azúcar en el fondo.
- Añade los 40 ml de whiskey y remueve.
- Añade el café caliente y remueve de nuevo. Asegúrate de que el azúcar quede completamente disuelto.
- Monta ligeramente la nata con ayuda de las varillas. Si la nata y el bol están fríos, no te llevará mucho tiempo. La textura ideal es cuando empieza a espesar pero no demasiado. Debe coger un poco de cuerpo pero mantener la fluidez.
- Coloca una cuchara invertida sobre la superficie del café y ve dejando caer la nata semi montada lentamente sobre ella. De esta forma, conseguirás que la capa de nata flote sobre el café sin hundirse ni mezclarse.
- Decora con un poco de nuez moscada sobre la superficie.
Por último… ¿cuál es la forma correcta de tomar el café irlandés?
Para disfrutar de tu café irlandés como se merece, no remuevas ni agites la bebida. Tampoco uses una pajita. La idea es que bebas el café a través de la capa de nata, de manera que puedas sentir el contraste de temperaturas del que hablábamos antes. Créeme, ¡no hay color!
Variaciones comunes y curiosas
La receta de café irlandés es una de las más famosas en todo el mundo. Por eso, no es de extrañar que hayan surgido numerosas variaciones de la receta original. Aquí algunas de las más famosas:
Café irlandés en 3 capas
Este tipo de café irlandés es muy habitual en zonas del centro y sur de América.
En este caso, la bebida presenta 3 capas: una inferior de color ámbar semi transparente, que corresponde a la mezcla de azúcar y whiskey, una intermedia de color marrón oscuro que corresponde al café, y la superior que corresponde a la nata y que suele servirse, en este caso, completamente montada.
Pero, ¿cómo se hace para que el whiskey y el café no se mezclen?
Para lograrlo, primero se crea una especie de almíbar calentando el whiskey y añadiendo una mayor cantidad de azúcar. Después, se sirve el café, que se queda en la superficie por tener menos densidad que el almíbar. Por último, se corona con la nata montada.
Esta versión es casi más un postre que un cóctel y requiere usar una cucharilla y remover antes de tomárselo. Esto hace que pierda la verdadera esencia del café irlandés pero es una alternativa ideal para los más golosos.
Café irlandés flameado
Otra versión bastante frecuente del café irlandés consiste en flamear la mezcla de whiskey y azúcar, previamente calentada para que prenda.
Con esto, se consigue disminuir la carga alcohólica del cóctel (aunque no por completo) y quemar ligeramente el azúcar, logrando un sabor tostado particular.
En ocasiones, se flamea tras añadir el café, de forma que no necesitas calentar el whiskey, pero entonces el café también se quema, lo que no es muy aconsejable en términos de sabor.
Por último, se sirve la capa de nata semimontada o montada por completo (a tu elección, ya que de todas formas no estarás preparando la receta original).
Café irlandés con Baileys
Esta receta consiste en utilizar Baileys (crema de whiskey) en lugar del whiskey tradicional. También puedes añadir una pequeña cantidad de este licor a la crema de nata antes de batirla.
El resultado es un cóctel de sabor más dulce y cremoso que la receta original, y con menos contenido en alcohol, ya que la graduación del Baileys es inferior a la del whiskey original.
La historia del café irlandés: ¿Quién fue Joe Sheridan y cómo inventó la receta?
Joe Sheridan era un chef irlandés que trabajaba en el restaurante del aeropuerto de Foynes, en la costa oeste de Irlanda. Este aeropuerto era una parada clave para los hidroaviones que cruzaban el Atlántico en los años 40.
En un duro día de invierno de 1943, uno de los vuelos con destino a Nueva York tuvo que dar la vuelta debido al mal tiempo y regresar a Foynes.
Como era habitual en estos casos, el restaurante recibió la orden de preparar algo de comida y bebida caliente para reconfortar a los pasajeros, y es entonces cuando a Joe se le ocurre la idea de añadir un poco de whiskey típico de su tierra al café que habitualmente servían.
Se dice que cuando los pasajeros probaron la bebida, un silencio sepulcral inundó la sala, y que uno de ellos preguntó al chef si aquél era un café brasileño, a lo que Joe contestó: «No, es un café irlandés».
Después de esto, el café irlandés se añadió a la carta del restaurante y comenzó a servirse de manera habitual. En 1945, el aeropuerto de Foynes cerró y el restaurante se trasladó al nuevo aeropuerto de Shannon, donde se continuó con la tradición.
The Buena Vista Café: la réplica obsesiva y el boom mundial
Años después, el escritor y periodista estadounidense Stanton Delaplane tuvo la ocasión de probar el famoso café en uno de sus viajes a Irlanda y quedó fascinado. De regreso a su tierra, lo comentó con su amigo Jack Kepler, quien regentaba un bar en San Francisco llamado The Buena Vista.
Una noche de 1952, Jack propuso a Stan intentar replicar la receta y este aceptó. El resultado fue fallido, pues no lograron que la nata flotara sobre la superficie del café, pero Jack no se rindió. Decidió viajar a Irlanda para conocer al mismísimo creador del café irlandés, a quién supuestamente terminó contratando.
Según algunas fuentes, Joe Sheridan emigró a San Francisco donde trabajó durante más de 10 años en The Buena Vista Café, aunque no es algo que esté absolutamente confirmado.
Sea como sea, el caso es que The Buena Vista Café consiguió replicar la receta original y alcanzó una gran fama por la preparación del café irlandés, ayudando a su propagación y difusión a nivel mundial.
A día de hoy, The Buena Vista Café sigue siendo una de las mejores cafeterías del mundo donde degustar esta bebida.
